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Entrevista

Rubén Blades, buscando al hombre detrás de las canciones

Este 30 de agosto llega a las salas de cine comercial de América la película Yo no me llamo Rubén Blades, un documental sobre la vida y obra del cantautor panameño.

Por: Roberto Quintero
Fotos  Roberto Quintero, cortesía  Apertura Films

Todo el mundo sabe quién es Rubén Blades, el músico panameño que tiene cincuenta años de carrera artística y es considerado uno de los cantautores más exitosos y prolíficos de Latinoamérica. El padre de la “salsa intelectual”, también conocido como “El poeta de la salsa”, autor de temas tan populares como “Pedro Navaja”, “Plástico” y “Buscando guayaba”. El mismo que a inicios de los años 80 debutó como actor y tiene más de cuarenta participaciones en películas y series de televisión. Ese que además de haber trazado una exitosa senda en el arte, es abogado, político y humanista. Y sin embargo, siendo una de las figuras más reconocidas de todo el planeta, ¿sabemos realmente quién es Rubén Blades?

El cineasta Abner Benaim realizó un documental para descubrir a la persona detrás de las canciones, ese Rubén que muy pocos conocen. El director, con unos siete largometrajes en su haber, conoció al músico en 2009, tras realizar su primera película de ficción. “Lo busqué porque quería mostrarle Chance. Me demoré un montón, pero lo encontré y le enseñé el tráiler. Me dijo: ‘Ven a la casa a mostrarme la película, y yo te voy a mostrar una mía’. Y el día que llegué a su casa, antes de hablar de cualquier otra cosa, me contó en unos 25 minutos toda su biografía resumida. Como si fuese un desconocido que me tiene que contar quién es. Esa misma noche le mostré Chance y nos quedamos hablando hasta tarde”.

Abner Benaim

Así nació una amistad que se fue tejiendo entre Panamá y Nueva York, donde reside Blades. Y con los años, entre charlas y copas, germinó la semilla de un nuevo filme para Benaim. “Cada vez que lo visitaba terminábamos en lo mismo: nos tomábamos unos tragos y se ponía a echarme cuentos y anécdotas, o agarraba la guitarra y se ponía a cantar canciones inéditas. Y a mí ya me fue dando angustia y tuve que decirle: ‘Ey, yo soy cineasta. Tú no puedes estar echándome estos cuentos a mí, porque te voy a querer filmar’. Y así le propuse documentar su historia. Más que todo para aprovechar la confianza que él me estaba dando y mostrarle a la gente que no lo conoce tan bien cómo es Rubén en intramuros. La idea me resultó interesante, porque él es una persona muy admirada como artista, pero es muy reservado con sus cosas. Entonces pensé que ver a la persona detrás de esas canciones podría tener valor para un público más amplio”.

El cantautor aceptó la propuesta, el cineasta se puso la cámara al hombro y el resto es historia. Este 30 de agosto llega a las salas de cine comercial de América el documental Yo no me llamo Rubén Blades, luego de su estreno mundial en marzo en el prestigioso festival SXSW Film Festival en Austin, Texas, y tras realizar un fructífero recorrido por el Festival Internacional de Cine de Panamá, el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, el festival Ambulante de México, el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente y el Docs Barcelona, por mencionar solo algunos.

Además de ser su amigo, eres gran admirador de la obra de Rubén Blades. ¿Antes de filmar ya sabías qué querías contar sobre él o dejaste que el documental fluyera? 

Sabía que había ciertas cosas básicas que yo necesitaba. Los puntos básicos de una biografía, digamos. Pero, al mismo tiempo, sabía que no quería hacer una película informativa nada más, cómo una traducción de la Wikipedia en video. Yo quería acercarme más al lado humano, a la persona casual, al hombre. Uno ya sabe que es imposible, en solo noventa minutos, revelar quién es la persona detrás del artista o entender algo profundo sobre él. Pero sí quería acercarme a eso. Y siento que logré estar cerca de Rubén Blades en estado relajado, cuando no está en el escenario.

En el documental se habla mucho sobre el paso del tiempo y la muerte. ¿Es algo que a él le preocupa o eran temas sobre los que tú querías que él reflexionara? 

Hablamos de muchas cosas, entre ellas ese tema. Yo no lo implanté, simplemente surgió. Él está escribiendo un poco más sobre eso en sus canciones. Y a mí me parecía relevante incluirlo, pues es una persona que ya tiene cincuenta años de carrera y que cada tanto me habla de algún amigo que se fue para “el otro barrio”, como él le dice. Y claro, él está entero y queremos tenerlo por muchos años más, pero sí está en un momento en el que puede mirar hacia atrás y reflexionar sobre una vida bien vivida.

Yo dejé que los temas que resonaban más conmigo fueran los que me guiasen al momento de decidir qué material incluir y qué no. Porque su carrera es tan amplia que es imposible cubrir todo o hablar sobre todos los temas relevantes para él y para su público. Solo me dejé llevar por mi instinto y así fui armando la película. A mí también me inquieta mucho el tema de la muerte y me di cuenta de que no era forzado para él hablar sobre eso. Pude haber armado la película con otros temas de los que hablamos, podría haber sido sobre música exclusivamente o sobre Panamá o mil cosas que conversamos; pero eso fue lo que resonó en mí.

¿Por medio del documental descubriste algo nuevo sobre él? 

Una de las cosas que observé, y creo que es la razón por la cual mucha gente lo respeta, es que ha sido un hombre consistente. Si analizas los temas que le preocupaban y le enojaban hace cuarenta años, son los mismos que le importan hoy. Y él ha sido bastante valiente en hablar de cosas que no eran populares en cierto momento, y las sigue hablando. No es un oportunista que piensa: “Este tema está caliente” y entonces habla de él porque es controversial y va a tener atención mediática. Él tiene consistencia y es porque tiene un juicio muy claro de qué es lo que está bien y lo que está mal. Tiene conciencia de la falta de justicia en la sociedad. Esto parece una adulación, pero creo que no está mal aprender algo positivo de una persona que tiene tanto para dar. Porque siempre está ese miedo, ¿no? Nadie quiere parecer un adulador.

¿Y cómo hiciste para abordar la vida de un personaje que de entrada te fascina? 

Yo no emprendí este documental para buscar un lado oculto o negativo del personaje. Lo empecé porque tenía admiración por el artista y esa fue la línea que mantuve, tratando obviamente de ver a la persona y no a una caricatura del personaje, hecha desde el punto de vista de un fan. Trate de tener cierta distancia crítica para observarlo, y creo que la pude mantener.

La película tiene un tono cariñoso. No es una película que se mete a tocar temas duros; es tranquila. Y para mí como realizador fue un reto hacer algo positivo. Es mucho más difícil hacer algo que huele a flores, más fácil es hacer algo duro. Y de alguna manera siento que la película logra mantener a la gente atrapada, aunque el mensaje es claramente positivo. Y eso es algo nuevo para mí.

¿En ningún momento tuviste la duda de balancear el documental o incluir personajes que hablaran mal de Rubén?

Probamos, pero yo creo que desentonaba y no venía al caso. El mismo Rubén me decía: “Habla con gente que me odia, mételos ahí”. Pero para mí no tenía sentido, no era eso lo que me interesaba.

¿Y qué opina Rubén de la película? 

Él no la ha visto.

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