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Vistas de Panama

Descubriendo Panamá a paso de herradura

Aunque, para el lego en la materia, Panamá no pareciera entrar en la órbita de la gran tradición ecuestre iberoamericana, el pequeño país sorprende ofreciendo muchas atracciones en cuanto al antiguo arte de amaestrar caballos. Panorama de las Américas le plantea un recorrido por este país a paso de herradura.

Por: Juan Abelardo Carles Rosas
Fotos: Carlos E. Gómez,  Noelia Vittori

 

“El complejo está rodeado de frondosos y altísimos árboles tropicales: nadie diría que estamos a menos de veinte minutos, por autopista, del centro de la capital panameña. Un grupo de personas almuerza bajo un enorme bohío, mientras una cuadrilla de jóvenes jinetes demuestra sus habilidades en equitación. Estamos en el Club Ecuestre Castilla del Oro, uno de los más tradicionales de Panamá, y los espectadores son criadores de caballos de toda Latinoamérica. Están reunidos en esta ciudad con el fin de formular propuestas conjuntas a los gobiernos de la región para que estimulen el crecimiento de su industria.

Para cualquiera que tenga un conocimiento somero del mundillo ecuestre latinoamericano suena extraño que Panamá acoja una reunión semejante, cuando hay más tradición en países sudamericanos (Perú, Colombia, Argentina) o en México. Pero aquí vuelve el pequeño país a jugar su carta de “lugar de paso” y, al igual que pasa con los vinos (Panamá no los produce, pero ofrece una variedad difícil de superar en la región), aquí el turista interesado puede disfrutar de múltiples instalaciones y experiencias relacionadas con el caballo, dependiendo de sus intereses y estadía.

Por ello estamos aquí, en Castilla del Oro, una de las instalaciones equinas más cercana a Ciudad de Panamá. Localizada en la zona de Villalobos, en la periferia de la urbe, cuenta con una pista de competencias al aire libre (80 x 60 metros) y dos pistas de práctica: una cubierta (30 x 66 metros) y otra expuesta (30 x 50 metros), 65 establos para clientes, 48 establos de alquiler para huéspedes, bañaderos, depósito de alimento y equipo de montar.

Los orígenes de este club son casi heráldicos, como su nombre lo indica (primera designación que la Corona española dio a Panamá). “Iniciamos hace 21 años junto a las ruinas de Panamá La Vieja, en las instalaciones del Escuadrón de Caballería de las antiguas Fuerzas de Defensa de Panamá”, recuerda Heraclio Barletta, uno de los dueños del club, además de entrenador. En la sede actual llevan unos seis años. Aquí se comienza a entrenar a los jinetes desde que cumplen cuatro años y ya han producido participantes para las Olimpíadas de la Juventud en Singapur (2010), así como para varias versiones de los Juegos Centroamericanos y del Caribe.

Sin embargo, Castilla del Oro también ofrece oportunidades para quien solo quiera tener una experiencia con caballos, más aún si está de paso por la ciudad y cuenta con poco tiempo para dedicarle. “Recibimos turistas para que tomen una clase de equitación. Le proporcionamos el equipo, el casco y el caballo. La persona solo debe venir en jeans y camisa. Incluso ofrecemos clases familiares. Lo único que deben hacer los interesados es llamarnos para programar la cita”, comenta Barletta.

Si tiene más tiempo, puede salir del perímetro urbano de Panamá en busca de otras opciones de turismo ecuestre. A 45 minutos hacia el oeste por la carretera panamericana, en el centro turístico de Coronado, puede disfrutar del Club Ecuestre Coronado. Lo interesante de Coronado es que la oferta de distracciones para los amantes de los caballos se amplía. Aquí encontrarán pistas de arena, grama y tierra, así como un recorrido pavimentado para caballos de paso colombianos (se les juzga por el ruido que hacen al trotar). También hay demostraciones de caballos de paso peruanos y españoles, así como facilidades para la práctica del polo, pistas de lazo y un restaurante, La Carreta, donde los comensales degustan sus platos mientras disfrutan de espectáculos equinos.

Las casi doscientas pesebreras del club abrigan razas equinas que van desde los enormes andaluces, pasando por ponis austriacos haflinger, hasta burros (animales que, en estas épocas, ya son difíciles de ver). Evidentemente cada animal tiene su dueño y uno no se va a meter a las pesebreras a tocarlos, pero el simple hecho de caminar entre los establos, diseñados siguiendo un curioso estilo del suroeste americano, y mirar cada ejemplar asomado a su puerta, hace un paseo delicioso.

La crianza de caballos en Panamá, como en todo el mundo, está profundamente ligada a la vida tradicional en las zonas rurales del país. Siguiendo la carretera Panamericana, a menos de dos horas de Coronado, es posible encontrar una muestra muy interesante de lo que el amor por esta tradición puede lograr. Al llegar a Penonomé se torna al sur hacia la aldea pesquera de El Coco; allí está el Hato San José, propiedad de la familia Araúz Guardia, que lleva cuatro generaciones dedicada a estas nobles bestias.

La propiedad se levanta en medio de una arboleda formada por corotús de más de doscientos años de edad, en medio de los llanos que la provincia de Coclé abre hacia el océano Pacífico. Para el ojo lego, sus instalaciones podrían pasar por una especie se Disneylandia ecuestre, pues aunque los establos (con capacidad para trescientos animales) y el picadero, donde se hacen demostraciones de cutting (corte y aparte de ganado), jineteo de alta escuela, competencias ecuestres y entrenamiento de caballos y jinetes, tienen dimensiones normales, hay una pequeña arena (aunque no es tan pequeña, si se considera que es privada), que reproduce en menor escala una típica plaza de toros, usada para competencias ecuestres y entrenamiento de caballos.

“Manejamos varias razas de caballos: española, paso fino, trote, galope y trocha colombiana, cuarto de milla para vaqueo y lazo, pintos, árabes y también algo de caballos criollos costarricenses”, me explica Rodrigo Castillo, administrador de San José. Mientras recorro las instalaciones veo que cada estructura tiene algún nombre. María Raquel, hija de Jorge Araúz, el propietario, me lo explica: “Fueron bautizados recordando algunos de los caballos y yeguas más queridos de mi padre. La finca perteneció a mis abuelos, y aunque mi padre no la heredó y tuvo que recomprarla luego, siempre mantuvo el mismo nombre: Hato San José, patrono de nuestra familia”.

De hecho, Jorge Araúz es conocido en Panamá por ejecutar un gracioso espectáculo, en el que montado sobre un caballo español especialmente entrenado, “baila” el punto ‚Äïdanza tradicional panameña‚Äï acompañando a una dama que viste la tradicional pollera. El Hato San José ofrece giras turísticas por sus instalaciones, y aunque el dueño no esté disponible para hacer su famosa presentación, sí hay un show que incluye, además de la gira y una comida, paseos a caballo y exhibición de equinos en la plaza y el picadero. El Hato San José está inmerso en medio de una pintoresca zona; así que puede hacer parte de un circuito turístico que incluya también el Valle de Antón y los pueblos coloniales de Penonomé y Natá.

Pero si usted está fascinado por los caballos y no le interesa ver nada más, le sugerimos entonces que salte directamente a Chiriquí, a la zona de Tierras Altas, unos 350 kilómetros más hacia el occidente. Esta es una región de montes empinados, ríos intrépidos y verdores abigarrados en medio de valles breves; una tierra fecundada por las antiguas erupciones del ahora dormido volcán Barú. Tales condiciones son las que han atraído aquí a algunas de las haras más importantes del país.

Una de ellas es Haras San Miguel. “Mi padre, Carlos Eleta Almarán, siempre fue un apasionado de los caballos. Compró estas tierras hace más de cincuenta años y comenzó a construir su sueño. Luego se le unió su hermano, Fernando”, nos explica Raquel Eleta de Arias, su hija. El sueño de Carlos Eleta consistía en crear el sitio perfecto para la crianza de los mejores caballos de carrera. Y, al parecer, tuvo éxito: sus ejemplares han ganado competencias en Panamá y el mundo entero, y muchos han alcanzado la categoría de leyendas mitológicas que envuelve a ciertos animales en el mundo hípico.

Hoy su población ronda los cien caballos de carrera en entrenamiento, 57 yeguas para fecundación, 34 potrillos, cuarenta más por nacer y once padrotes del mejor linaje. Las instalaciones de Haras San Miguel ofrecen comodidades para quienes quieren disfrutar conociendo detalles sobre su crianza. Hay cafetería, vestidores, estacionamientos y salones VIP. En la zona existen otras haras, como Cerro Punta y Cinthia, que también se pueden visitar.

En realidad, la crianza de caballos se extiende a lo largo de este delgado país, y si hemos querido nombrar algunos sitios, es porque en ellos se pueden disfrutar las expresiones más diversas y consumadas de este arte que pueden encontrarse en Panamá. Mas no son las únicas y quizá, luego de haber visitado y experimentado en nuestros sitios recomendados, quiera perderse por la campiña panameña, descubriendo fincas y caminos de herradura, por los que aún es posible ver al campesino a lomos de sus fieles e infatigables caballitos criollos, o bien llegar a un pueblo que celebra sus fiestas patronales, cuando, indudablemente hombres y mujeres participarán en cabalgatas en honor del santo o la santa a cuya tutela se han encomendado por generaciones. Total, caballo y hombre han estado ligados uno a otro desde la noche de la civilización y, aunque ya no los vincule la necesidad, aún los sigue vinculando la pasión.

 


Tome nota

Aunque sí reciben visitantes, ninguno de los sitios recomendados está específicamente diseñado para actividades turísticas; por lo que es recomendable contactarlos con tiempo para programar la visita.

Club Ecuestre Castilla del Oro

Tel. (507) 238 9943

www.castilladeloro.com

vielka.rosero@gmail.com / Heraclion@gmail.com

Club Ecuestre Coronado Tel. (507) 240 1434 www.clubecuestrecoronado.com roberto@club-ecuestre.com Hato San José Tels. (507) 997 9324 / 997 9306 jaaarango@gmail.com / mmagalln@gmail.com Haras San Miguel Tel. (507) 770 6340 www.harassanmiguel.com “

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